31 Dic 2025 se despide. 2026 asoma. Y el deseo es volver
Cada final de año trae su propio ritual. Miramos atrás, hacemos balance y, casi sin darnos cuenta, formulamos deseos para lo que viene. Algunos son íntimos. Otros, colectivos. Este 2026 que empieza podría ser el año en el que dejemos de hablar del medio rural como un problema y empecemos, de una vez, a tratarlo como una oportunidad.
Durante demasiado tiempo, el medio rural ha sido contado desde la carencia: lo que falta, lo que se perdió, lo que ya no volverá. Pero 2025 nos deja una certeza distinta: repoblar no es nostalgia, es futuro. No es volver atrás, es avanzar con otra lógica.
Repoblar el medio rural significa recuperar algo esencial que en las ciudades empieza a escasear: tiempo, espacio y sentido. Significa volver a vivir cerca de lo que importa, en entornos donde el trabajo puede convivir con la vida y donde la comunidad no es un concepto abstracto, sino una red real de personas que se conocen y se cuidan.
También significa diversificar nuestra economía, repartir oportunidades y reducir la fragilidad de un modelo excesivamente concentrado. Cuando el talento se queda —o regresa— al medio rural, se activan nuevos proyectos, nuevas empresas, nuevas formas de emprender que no necesitan rascacielos para crecer, sino conexión, formación y confianza.
El medio rural no es solo agricultura y ganadería, aunque sin ellas no hay futuro posible. Es innovación, es industria, es tecnología aplicada al territorio, es cultura, es patrimonio vivo. Es un lugar donde se puede experimentar otra manera de producir, de consumir y de relacionarse con el entorno, más equilibrada y más humana.
2026 puede ser el año en el que dejemos de pedirle al medio rural que se parezca a la ciudad y empecemos a aprender de él. De su resiliencia, de su capacidad de adaptación, de su forma de entender el progreso sin romperlo todo por el camino.
Re poblar no es mover personas en un mapa. Es reconstruir relatos. Es cambiar la mirada. Es asumir que el futuro no se juega solo en las grandes capitales, sino también en los pueblos que esperan una segunda —o quizá primera— oportunidad para ser elegidos.
Al cerrar 2025, el deseo está claro: que 2026 sea el año en el que decidamos quedarnos, volver o apostar. El año en el que entendamos que repoblar el medio rural no es un gesto romántico, sino una decisión estratégica para construir un país más equilibrado, más justo y más sostenible.
Porque a veces, para avanzar, lo más valiente es volver al origen. Y hacerlo bien.
Ojalá el nuevo año venga cargado de decisiones valientes, de proyectos que arraigan y de personas que vuelven —o llegan por primera vez— para quedarse.
Porque cuando el medio rural florece, florecemos todos.
Feliz 2026. Que sea el año de volver a llenar de vida aquello que nunca debió quedarse vacío.